¡Una historia única!

Las islas de Madeira y de Porto Santo fueron descubiertas oficialmente por los navegantes portugueses Tristão Vaz Teixeira, Bartolomeu Perestrelo y João Gonçalves Zarco en 1419.
 
En realidad, estos navegantes descubrieron inicialmente la isla de Porto Santo (1418) después de una tempestad en alta mar, en la que la embarcación fue alejada de su ruta, por la costa de África, debido al mal tiempo; después de muchos días a la deriva en alta mar avistaron una pequeña isla a la que llamaron Porto Seguro, Porto Santo, porque salvó a la tripulación de Zarco de un destino fatídico. Un año después del descubrimiento de Porto Santo llegan a la isla de Madeira en 1419.

Se cree que su nombre fue asignado por este último navegante, que llamó a la isla ‘Madeira’ (Madera), debido a la abundancia de esta materia prima.
Al observar el potencial de las islas, así como su importancia estratégica, se inició, alrededor de 1425, la colonización por orden del rey don João I. A partir de 1440 se establece el régimen de las capitanías con el nombramiento de Tristão Vaz Teixeira como capitán donatario de la capitanía de Machico; seis años más tarde, Bartolomeu Perestrelo se convierte en capitán donatario de Porto Santo y, en 1450, Zarco es nombrado capitán donatario de la capitanía de Funchal.

Los primeros colonos fueron los tres capitanes donatarios y sus respectivas familias, un pequeño grupo de personas de la pequeña nobleza, gente de condición modesta y algunos ex prisioneros del Reino. Para conseguir las condiciones mínimas para el desarrollo de la agricultura en la isla, tuvieron que desbastar una parte del denso bosque y construir un gran número de canales de agua (levadas) para transportar las aguas que abundaban en la costa norte hacia la costa sur de la isla. Al principio, el pescado constituía el principal medio de subsistencia de los pobladores, así como los productos hortofrutícolas

Al comienzo de su poblamiento se introdujeron algunas culturas agrícolas como la caña de azúcar, que rápidamente dio a la metrópolis de Funchal una franca prosperidad económica. De esta forma, en la segunda mitad del siglo XV, la ciudad de Funchal se convirtió en puerto de escala obligatoria para las rutas comerciales europeas. La Corona Portuguesa y los dirigentes insulares pasaron a dedicarse, predominantemente, al cultivo de la caña de azúcar y a la exportación del "oro blanco" a toda Europa, utilizando esclavos en los trabajos en los cañaverales e ingenios traídos de las factorías portuguesas de África, lo que llevó a que se instalasen en Funchal elementos de las más importantes ciudades comerciales de la cuenca mediterránea y del norte de Europa.
El interés económico y estratégico de la isla para la Corona era notorio, por los constantes pedidos de pintura y escultura flamenca con los que se adornaron las iglesias y capillas de Madeira.
 
El interés económico y estratégico de la isla para la Corona era notorio, por los constantes pedidos de pintura y escultura flamenca con los que se adornaron las iglesias y capillas de Madeira.
Los siglos XVII y XVIII se vieron marcados por la aparición de una nueva cultura que impulsó nuevamente la economía de Madeira: el vino.
De esta forma, después de los tratados comerciales establecidos con Inglaterra, el puerto de Funchal pasó, entre 1660 y 1704, a punto de escala obligatorio, cautivando el interés de los comerciantes ingleses por el vino de la isla, los cuales fijaron su residencia y fundaron innumerables establecimientos comerciales en ella, dejando su marca en la historia y en la cultura de Madeira.

A lo largo de los siglos XIX y XX, Madeira floreció hacia el nacimiento del sector turístico, convirtiéndose rápidamente en una referencia obligatoria para la aristocracia europea que fijó en ella su residencia temporal, atraída por las cualidades terapéuticas naturales de la isla.
Las condiciones generales de localización y el desarrollo de las rutas de los grandes transatlánticos, aliadas a la benignidad de su clima, hicieron de Funchal uno de los grandes destinos turísticos europeos de mediados del siglo XX. En la segunda mitad del siglo, el desarrollo fulgurante de los transportes aéreos llevó a la construcción de un aeropuerto y a la reformulación general del puerto de Funchal.
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