Ciclo del Vino

A mediados del siglo XVI, el célebre dramaturgo inglés William Shakespeare citó la importante exportación y notoriedad del Malvasía madeirense, poniendo al Duque de Clarence, hermano del rey Eduardo IV de Inglaterra, escogiendo la muerte por ahogamiento dentro de un barril de este vino.

Con el declive de la producción azucarera, a finales del siglo XVI, los cañaverales fueron sustituidos por viñedos, dando origen al llamado Ciclo del Vino, que adquirió fama internacional y propició el ascenso de una nueva clase social: la burguesía.

Con el recrudecimiento de los tratados comerciales con Inglaterra, se instalan en la isla importantes mercaderes ingleses que, de forma paulatina, terminaron controlando el cada vez más importante comercio vinícola insular. Los comerciantes ingleses se instalaron en la plaza de Funchal (Praça Funchalense) a partir del siglo XVII, consolidándose los mercados de América del Norte, las Antillas y la propia Inglaterra. En los siglos XVII y XVIII, la estructura de la “ciudad del vino se sobrepone a la ciudad del azúcar”.

Los diversos gobernadores de Madeira y hasta los conventos de Funchal terminaron por entrar en el comercio vinícola.

A lo largo del siglo XIX, dos graves epidemias azotaron los viñedos madeirenses, ocasionando pérdidas. A fin de conservar el mercado internacional del vino de Madeira, se intentó plantar castas más resistentes, aunque de menor calidad.

Los característicos espacios de fabricación, envejecimiento y almacenamiento de vino, que antaño proliferaban, todavía hoy se pueden encontrar en algunas bodegas. La memoria de objetos y contextos relacionados con la faena vitivinícola está presente en instituciones como el Instituto del Vino de Madeira, H. M. Borges y la Madeira Wine Company.
 
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