Época del “Oro Blanco”

En el siglo XV, Madeira inicia el cultivo de la caña de azúcar, importada de Sicilia por el Infante Enrique. Con la rápida expansión de la industria de la caña sacarina, Funchal se convierte en un centro comercial de excelencia, frecuentado por comerciantes de varias nacionalidades, lo que cambia su dimensión financiera insular.

En 1472, el azúcar de Madeira pasa a exportarse directamente a Flandes, que pasó a ser su principal centro redistribuidor. Se reconoce a Madeira una particular importancia en el eje de estas relaciones entre Flandes y Portugal.

Con la producción de la caña de azúcar, Madeira atrajo y retuvo a aventureros y comerciantes de los orígenes más recónditos, de ahí que en aquella época se considerara esta explotación el principal motor de la economía madeirense. Muchos fueron los extranjeros que se desplazaron a la región para el negocio del azúcar, sobre todo italianos, vascos, catalanes y flamencos.

La comercialización del azúcar en Madeira experimentó su punto álgido en los años veinte del siglo XVI, que coincide con la fecha de la mayoría de las obras de arte flamenca para la isla, en un ambiente de prosperidad comercial que era notorio. Se importaron obras de grandísimas proporciones, sobre todo pinturas, aparatosos trípticos o retablos mixtos, así como imágenes de interés de Brujas, Amberes y Malinas. Asimismo, se importaron objetos de plata y cobre y piedras tumulares con incrustaciones de metal, de Flandes y Hainaut, como las que pueden verse en la Catedral de Funchal y en Museos como el de Arte Sacro.

Hasta la primera mitad del siglo XVI, Madeira fue uno de los principales mercados del azúcar del Atlántico. Sin embargo, varias fueron las razones que llevaron al declive de este ciclo y dieron lugar a otros mercados.
 
 
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