Orígenes del Turismo



En el siglo XIX, los visitantes de la isla se resumían en cuatro grandes grupos diferentes: enfermos, viajeros, turistas y científicos. La mayoría de los visitantes pertenecía a la aristocracia adinerada, y parecía que la lista de aristócratas, príncipes, princesas y monarcas era infinita.

También durante el siglo XVII, el incremento de las rutas marítimas y el interés por la botánica propiciaron la introducción de nuevas plantas, que aclimatadas a la isla, enriquecieron los jardines de las residencias y, en especial, de las fincas nacidas alrededor de la ciudad.

En Madeira, el principal puerto y ciudad ya no monopolizaban la atención de los viajeros: los paseos a pie, a caballo y de red, permitían incursiones en el interior de la isla. A final de los años cuarenta del siglo XIX, se instauraron las bases para la creación de un conjunto de infraestructuras de apoyo en el interior de la isla. Sin embargo, solo a partir de 1887 se registra la existencia de una red adecuada de hostales fuera de Funchal. No obstante, la presencia de estas unidades de alojamiento no acabó con la tradicional hospitalidad de las casas y fincas existentes en la zona sur.

Como resultado de la elevada demanda registrada en la época, fue necesario preparar guías para los visitantes. El primer guía turístico de Madeira apareció en 1850, y ya destacaba elementos de historia, geología, flora, fauna y costumbres de la isla.

Respecto a las infraestructuras hoteleras, los ingleses y los alemanes fueron los primeros en lanzar la red hotelera madeirense.
 
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