Leyenda de Ladislau

Vladislao III vivió en el siglo XV, y era rey de Polonia y Hungría. Poco después de iniciarse su reinado, este joven inexperto en las artes de la guerra y la política llevó a su país a la guerra con los turcos.
 
En 1444 fue derrotado en la Batalla de Varna y Vladislao desapareció. Su cuerpo nunca fue encontrado y no hay noticias ni de su muerte ni de su entierro. En Polonia, corrían rumores de que el rey estaba vivo y no había muerto en Varna.
 
Diez años después de la batalla, apareció en Madeira el misterioso caballero de Santa Catalina del Monte Sinaí, con el nombre de Henrique Alemão. El capitán Gonçalves Zarco lo trataba con todos los honores debidos a un príncipe soberano. El caballero se casó con la Señorita Annes, señora de una de las familias más nobles, y el rey Alfonso V de Portugal fue su padrino de boda.
 
Cierto día, un grupo de frailes franciscanos polacos visitaron la isla y reconocieron en el caballero de Santa Catalina a su rey y le pidieron que regresara a su patria. Se produjeron rumores de este acontecimiento y el rey de Portugal llamó al caballero al Algarve para tener una conversación de la cual nada se sabe. Al regresar del Algarve, el caballero de Santa Catalina, Henrique Alemão o Vladislao III, encontró su trágica muerte, cuando su barco se hundió en Cabo Girão.
 
Enigmáticamente, una superstición recordada por el Conde DraKul (Drácula), aliado de Polonia contra los turcos, antes de la batalla, se ajusta en la historia: una profetisa afirmó que el Príncipe (Vladislao) «si escapa a la guerra morirá de muerte sin gloria». Por otro lado, el jefe turco Murad II nunca perdonó la traición de Vladislao al acuerdo que ambos habían firmado al final de la batalla de Varna y, a pesar de su victoria absoluta, lanzó sobre él una maldición: «Que el castigo del traidor vaya, si la tiene, hasta su descendencia». El hijo y heredero de Henrique Alemão también murió trágicamente en el mar cuando, según lo que se cuenta, se dirigía a Polonia para encontrar respuestas en relación con algunas dudas sobre el linaje.
 
La tradición popular dice que las figuras son en realidad los retratos de Henrique Alemão y la Señorita Annes, su esposa, los fundadores de la Iglesia de Sta. María Magdalena y compradores del cuadro que quisieron figurar en la pintura, como sucedía muchas veces con los donantes en la época.
 
Hasta hoy no se ha encontrado ningún documento que pruebe o niegue de forma definitiva esta historia.
 
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