Leyenda de Machim

Según la leyenda, entre finales del siglo XIV y principios del siglo XV existió en Inglaterra un joven llamado Roberto Machim, caballero legendario de la corte del rey Eduardo III de Inglaterra. Estaba enamorado de una dama inglesa, Ana de Arfert (o Ana de Harfert), que correspondía a su amor, pero tenía que casarse con un noble por voluntad de su familia.
 
Machim y sus amigos concibieron un plan para rescatar a la novia antes del matrimonio y llevarla en barco a Francia, que en ese momento estaba en guerra contra los ingleses en la Guerra de los Cien Años. La fecha de la fuga fue acordada con la joven para la víspera del día del matrimonio.
 
Al huir lejos de la costa inglesa, los amantes se vieron sorprendidos por una tempestad que los hizo salirse de su rumbo. Sufriendo contrariedades debido a la tempestad, y sin tener a bordo un piloto experimentado que los volviese a poner en rumbo, fueron a la deriva durante días hasta que avistaron a lo lejos una «gran mancha verde». Estaban frente a la isla que más tarde se denominaría la isla de Madeira.
 
A pesar del miedo ante lo desconocido, la desesperación los llevó a acercase, puesto que la dama se encontraba enferma tras pasar tanto tiempo en el mar, y desembarcaron en la ensenada que hoy es la bahía de Machico. Su ansiedad por pisar tierra firme era tal, que salieron sin tomar las debidas precauciones en el anclaje del barco. Después de explorar aquel trozo de la isla y haber saciado su sed, se percataron de que se aproximaba una nueva tempestad. Buscaron refugio entre las raíces de un frondoso árbol que allí se encontraba, pues el diámetro de la circunferencia del tronco era tal que en su base había una cavidad que conseguía cobijar a mucha gente sin que hubiera falta de espacio.
 
Cuando se calmó la tempestad, repararon en que el mar se había llevado el barco. La dama atormentada, cuyo estado de salud estaba ya debilitado, falleció pasados unos pocos días. Machim erigió una enorme cruz de madera junto a la sepultura de su amada, cerca del frondoso árbol donde habían encontrado cobijo. Se vio afectado por una gran melancolía y en menos de una semana se unió a su amada en la muerte.
 
Se dice que los demás miembros de la expedición que por allí se quedaron, intentaron sobrevivir y grabaron en la cruz una breve historia de los dos amados. Algunos murieron, mientras que otros resistieron hasta que pasó un barco de moros que los rescató y los llevó al norte de África, donde fueron vendidos como esclavos. Uno de estos habría sido rescatado por uno de los pagos por la libertad de cautivos que los cristianos hacían con los negociantes africanos. Y así sobrevivió alguien que contó la historia de Machim, llegando rumores de ese descubrimiento a los portugueses.
 
La leyenda también cuenta que los descubridores portugueses, cuando llegaron al lugar años después, consiguieron descubrir la cruz de madera y la inscripción. Edificaron la primera capilla de la isla en la cavidad del árbol, atribuyendo así el nombre de Machico en honor a la inscripción.
 
 
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