Leyenda de San Silvestre

Reza la leyenda que en la última noche del año, estando la Virgen María inclinada desde los cielos sobre el océano, San Silvestre la vio hablar. Nuestra Señora le confió la razón de su tristeza: se acordaba de la bella Atlántida, hundida por Dios como castigo a sus habitantes. Mientras hablaba, Nuestra Señora dejaba caer lágrimas de tristeza y misericordia. Pero San Silvestre se dio cuenta de que no eran lágrimas, sino perlas auténticas. Una de esas lágrimas fue a caer en el lugar donde la extraordinaria Atlántida había existido, y originó el nacimiento de la isla de Madeira, que pasó a ser conocida como la Perla del Atlántico. Dicen los antiguos que, durante mucho tiempo, en la noche de San Silvestre, cuando sonaban las doce campanadas, surgía de los cielos una visión de luz y colores fantásticos que dejaba en el aire un perfume deslumbrante.
 
Con el paso de los años esa visión desapareció, pero el pueblo la mantiene en las famosas fiestas de fin de año con fuegos artificiales que celebran la Noche de S. Silvestre.
 
 
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